Fracking en Colombia: la técnica que divide al país mientras crece la crisis del gas

Fracking en Colombia
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Colombia enfrenta un debate que podría marcar el rumbo de su futuro energético. Mientras las reservas de gas disminuyen y el país ya comenzó a importar combustible desde el exterior, el fracking vuelve a ocupar el centro de la discusión política, económica y ambiental.

Por primera vez en 45 años, Colombia tuvo que importar gas natural en diciembre de 2024 para abastecer hogares, industrias y comercios. La decisión encendió las alarmas sobre la seguridad energética del país y reactivó una discusión que lleva años sin resolverse: la posibilidad de utilizar el fracking para extraer hidrocarburos atrapados en yacimientos no convencionales.

La técnica, conocida formalmente como fracturamiento hidráulico, consiste en perforar el subsuelo de manera vertical y luego horizontal para alcanzar formaciones rocosas donde se encuentran atrapados el petróleo y el gas. Posteriormente, se inyectan grandes cantidades de agua, arena y aditivos químicos a alta presión para generar microfracturas en la roca y permitir que los hidrocarburos fluyan hacia la superficie.

Aunque el procedimiento ha impulsado la producción energética en países como Estados Unidos y Argentina, en Colombia sigue siendo uno de los temas más polémicos por sus posibles impactos ambientales.

Reservas en descenso y dependencia creciente

De acuerdo con los informes más recientes de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), Colombia cuenta con reservas probadas de petróleo para poco más de siete años y de gas para cerca de seis años. Además, las reservas de gas registraron una reducción significativa frente a años anteriores.

La disminución en la exploración también preocupa al sector. Mientras en 2012 se perforaban más de un centenar de pozos exploratorios anualmente, en los últimos años esa cifra ha caído de forma considerable. Paralelamente, la producción petrolera nacional se encuentra por debajo de los niveles registrados hace una década.

Diversos gremios del sector energético advierten que, si no se descubren nuevas reservas o no se desarrollan fuentes alternativas de abastecimiento, el país podría incrementar su dependencia de las importaciones en los próximos años, lo que tendría efectos directos sobre las tarifas y los costos para consumidores e industrias.

El potencial que permanece bajo tierra

Las principales expectativas sobre el fracking se concentran en el Valle Medio del Magdalena y otras zonas del país donde existen importantes recursos no convencionales de gas y petróleo.

Según estimaciones divulgadas por entidades del sector, esos yacimientos podrían contener recursos suficientes para ampliar significativamente la autosuficiencia energética nacional durante varias décadas. También se calcula que la producción de crudo podría aumentar de manera importante si se autorizara el desarrollo comercial de estos proyectos.

Ecopetrol había avanzado en la preparación de proyectos piloto para evaluar la viabilidad técnica y ambiental del fracking, pero dichas iniciativas permanecen suspendidas desde 2022.

Los riesgos que preocupan a expertos y comunidades

Los sectores que se oponen al fracking sostienen que la técnica puede generar impactos ambientales que requieren una vigilancia estricta.

Entre las principales preocupaciones se encuentra el elevado consumo de agua requerido para cada pozo, así como la gestión de los fluidos que retornan a la superficie después de la fracturación. Organismos internacionales han advertido que estos residuos pueden contener compuestos químicos y elementos presentes naturalmente en las formaciones geológicas.

También existen cuestionamientos relacionados con posibles fugas de metano, un gas de efecto invernadero de alta capacidad de calentamiento, y con la denominada sismicidad inducida, fenómeno que ha sido documentado en algunas regiones donde se desarrolla esta actividad.

Por esa razón, el debate no gira únicamente alrededor de la existencia de recursos energéticos, sino de la capacidad institucional para garantizar controles efectivos y minimizar riesgos ambientales.

Una discusión que sigue abierta

La controversia adquiere una dimensión adicional porque Colombia actualmente importa parte del gas proveniente de países donde el fracking es una práctica ampliamente utilizada.

Mientras algunos sectores consideran que el país debería aprovechar sus propios recursos para reducir costos y fortalecer la seguridad energética, otros sostienen que avanzar hacia esta técnica podría representar riesgos incompatibles con la protección ambiental y los compromisos climáticos.

En el Congreso continúan existiendo iniciativas tanto para prohibir definitivamente el fracking como para permitir su desarrollo bajo determinadas condiciones. Hasta ahora, ninguna de las propuestas ha logrado convertirse en ley.

Con las reservas disminuyendo, el aumento de las importaciones y las proyecciones de déficit de gas para los próximos años, el futuro del fracking sigue siendo uno de los temas energéticos más importantes para Colombia.

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