El conflicto armado en Líbano cumple una semana marcado por una intensa campaña de bombardeos de Israel que ha dejado al menos 400 muertos, más de 1.100 heridos y cerca de 500.000 personas desplazadas, según cifras reportadas por autoridades libanesas.

La ofensiva aérea representa el segundo gran estallido de violencia en apenas 15 meses y ha reavivado las tensiones internas en el país, donde el Gobierno responsabiliza al grupo chií Hizbulá por el ataque que desencadenó la nueva escalada.
El actual enfrentamiento comenzó tras un ataque simbólico lanzado por Hizbulá contra el norte de Israel en apoyo a Gaza y a su aliado regional Irán.
La ofensiva se produjo dos días después de que comenzara la guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán, lo que provocó una respuesta militar casi inmediata contra territorio libanés.
Más allá de la rivalidad directa con Israel, el grupo libanés mantiene vínculos estratégicos con el movimiento palestino Hamás, relación que tiene como eje común el respaldo de Irán dentro de una red regional que también incluye milicias en Irak y a los rebeldes hutíes en Yemen.

Tras la guerra anterior, el Gobierno de Líbano había iniciado un plan para desarmar a Hizbulá bajo presión de Estados Unidos.
Sin embargo, el proceso avanzó lentamente y solo se logró retirar al grupo armado de algunas zonas del sur del país. El Ejército libanés evitó forzar el desarme en otras regiones por temor a un conflicto interno.
Con el inicio de los nuevos ataques israelíes, el Consejo de Ministros volvió a prohibir las actividades armadas del movimiento chií y reiteró su compromiso de avanzar en su desarme.
La nueva ofensiva se concentra principalmente en el sur y el este del país, así como en los suburbios del sur de Beirut, áreas consideradas bastiones de Hizbulá.

Mientras tanto, el grupo ha respondido con ataques de alcance limitado contra territorio israelí. También se han reportado enfrentamientos directos en el sur del país y movimientos militares cerca de la frontera.
El conflicto vuelve a colocar a Líbano en medio de las tensiones entre Irán y Estados Unidos.
Las autoridades libanesas han intensificado los contactos diplomáticos para frenar la escalada, especialmente con Francia, con el objetivo de impulsar negociaciones que permitan alcanzar una tregua.
El primer ministro libanés, Nawaf Salam, afirmó que si Hizbulá se transformara completamente en un partido político y abandonara sus actividades militares, el Gobierno no tendría inconvenientes en su participación en la vida política del país.
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