La compañía china ha reventado la hoja de ruta del sector y lo ha abierto a nuevos actores, aunque su tecnología aún debe testarse y hay dudas sobre su uso de datos
Un volcán ha hecho erupción en el seno de la inteligencia artificial. La empresa china DeepSeek ha presentado un modelo de lenguaje que hace lo mismo que ChatGPT pero, según afirman sus creadores, con muchos menos recursos. Eso ha sido suficiente para volar por los aires la hoja de ruta del sector, hacer que muchas personas poderosas sientan el suelo temblar bajo sus pies y que algunos inversores pierdan sumas millonarias. Pero la ceniza aún no se ha asentado: la crisis aún no ha revelado sus verdaderos ganadores, avisan los expertos consultados.
Con todo, hay algo que sí se ha roto. “Salimos ganando todos menos aquellos que estaban intentando construir un monopolio”, dice Gemma Boleda, profesora de la Universidad Pompeu Fabra especializada en lingüística computacional. “Las empresas estadounidenses como OpenAI y Microsoft, Meta, Google, que eran los únicos con el poder computacional suficiente para construir modelos de lenguaje punteros y que estaban concentrando casi todos los avances”, describe.
Salimos ganando todos menos aquellos que estaban intentado construir un monopolio
Solo unos días antes de la irrupción de DeepSeek Donald Trump había lanzado un órdago al mundo apoyar esa tendencia. 500.000 millones de dólares para comprar los mejores chips y otorgar una infraestructura inigualable a las tecnológicas estadounidenses. Era una inversión que incluso Elon Musk había puesto en duda, pero cuya necesidad queda ahora aún más en entredicho. Es la revolución que trae DeepSeek, que ha hecho que su la IA funcione sobre un “modelo de expertos” en vez de sobre una única máquina “sabelotodo”, reduciendo drásticamente su consumo.
Pero que la pretensión de establecer un filtro de entrada para la IA basado en capital y chips de último modelo haya caído no significa que los gigantes estadounidenses pierdan. DeepSeek ha abierto el código de su IA, lo que significa que cualquiera puede copiarlo y adaptarlo a sus necesidades. Cualquiera es un alguien que había perdido pie en esta carrera y que ahora tiene una oportunidad de reengancharse. Pero también las mismas multinacionales que la lideraban, que pueden aprender de la innovación china y utilizar sus ingentes recursos para construir sobre ella.
“Los americanos también saldrán ganando”, remarca Boleda: “Es una muy buena noticia porque el mercado se estaba concentrando demasiado. Esto va a estimular la competitividad, lo que al final es bueno para toda la sociedad y los consumidores, aunque no tanto para empresas como Microsoft o OpenAI que estaban muy tranquilos con su hegemonía”.
OpenAI no ha dicho su última palabra
“Mira, así es como funciona esto: es totalmente inútil competir con nosotros en el entrenamiento de modelos fundacionales. No deberías intentarlo, y al mismo tiempo, tu trabajo es, de alguna manera, intentarlo de todos modos. Creo que ambas cosas son ciertas. En mi opinión es bastante inútil intentarlo. Pero mira, así es como funciona”. Así pensaba Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, en el verano de 2023. Se equivocaba.
Sí se podía competir con OpenAI y DeepSeek lo ha hecho con su propio modelo fundacional, más eficiente y más barato que el último que los de Altman habían puesto a disposición del público. Además, ha abierto su código, por lo que cualquiera puede tomarlo y mejorarlo aún más. El liderazgo incontestable que Altman creía tener para su empresa ha sido destruido. Pero no su ventaja competitiva.
“DeepSeek ha conseguido un caso de éxito. Ha conseguido fabricar un utilitario: tiene cuatro ruedas, un motor y funciona bien. Cumple su función. Eso va a provocar movimiento en los mercados y a nivel geopolítico. Pero OpenAI tiene otros coches, otros productos. Yo tengo muy claro que está en mejor posición para seguir capturando valor en un mercado está todavía por explotar”, remarca Rafael Tamames.
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