A pocos meses de cumplirse seis años de la muerte de Yesid González Gutiérrez, ocurrida el 6 de junio de 2020 en Barranquilla, su familia continúa esperando justicia en medio de un proceso que, según denuncian, no ha mostrado avances significativos.
El joven, que soñaba con ingresar a la Policía Nacional de Colombia como patrullero, murió en medio de un confuso procedimiento policial en el barrio 7 de Abril, durante una intervención que terminó en enfrentamientos entre uniformados y la comunidad en plena pandemia del COVID-19. Aquella tarde, lo que parecía ser un operativo rutinario terminó en tragedia.

Según relató su madre, Joyce Gutiérrez, los hechos comenzaron cuando varios vecinos se encontraban en una esquina y llegaron patrullas policiales que, sin mediar diálogo, iniciaron acciones que provocaron la reacción de la comunidad. En medio del caos, Yesid salió a observar lo que ocurría y fue perseguido por uno de los uniformados, quien le disparó por la espalda.
Gravemente herido, el joven fue trasladado al Camino Santa María, donde minutos después se confirmó su fallecimiento. El hecho dejó además varias personas heridas, entre civiles y policías, lo que evidenció la magnitud del enfrentamiento registrado ese día.
De acuerdo con el reporte oficial, los uniformados habían llegado al sector para hacer cumplir las medidas sanitarias vigentes en ese momento, relacionadas con el distanciamiento social y el consumo de alcohol en espacio público. Sin embargo, la familia insiste en que Yesid no participaba en los disturbios y que llegó cuando la situación ya estaba alterada.
A casi seis años del caso, el proceso judicial continúa en etapa de indagación en la Fiscalía, sin capturas ni imputaciones. Para su madre, el tiempo transcurrido es una muestra de la lentitud institucional y una herida abierta que no ha podido cerrar.
El caso adquiere un tinte aún más doloroso al conocerse que, tres días después de su muerte, Yesid recibió un correo en el que la Policía le informaba que había sido aceptado para iniciar su formación como patrullero en Bogotá. Una noticia que llegó cuando ya era demasiado tarde.
Hoy, su familia solo pide que el caso no quede en la impunidad y que se avance con celeridad en las investigaciones para establecer responsabilidades y honrar la memoria de un joven que soñaba con servir al país.
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